Poesías

Sophía

   
Si Narciso la viera,
mala envidia sufriera,
pues sus ojos son dos luceros
que en la noche acaecieron.
  
 
El otro día llamó,
San Pedro con mucho estupor,
pues un ángel se había escapado,
del mismo cielo encarnado.
 
 
Su nombre era Sophía,
guardiana de la sabiduría,
pues como su nombre indica,
gran intelecto poseía.
 
 
Como un susurro del aire,
se mueve con pasos gráciles,
por senderos y caminos,
no muy poco benignos.
 
Su mano propuse en los nupciales,
aunque terminó en mis maxiliares,
pues nos separó el destino,
con un aspecto fallido.  
 
 
Su inocencia le ofuscaba,
el mundo que la rodeaba,
pues su padre con un burgués quería,
unirlos en su quesería.
 
 
Muy mal acabó esta historia, 
y prefiero terminarla en Soria,
pero si su final conocer queréis,
a Sophía preguntar podéis.
 

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